Tuesday, February 14, 2006
Tuesday, February 07, 2006
Después de Mucho...

Han pasado varias cosas después de mi última entrada a este blog. Podría decirse que ya el tercer semestre está a un tabaquito de distancia (si un cigarrillo o un habano... pues, no se sabe con certeza). Y me pongo a pensar que hacer. Difícil, pero necesario. Y no sé. Difícil responderlo.
Por ahora sacar el pase, imposición tolerada por el simple motivo de que sabiendo manejar bien y sin tomar absolutamente nada (como suelo hacerlo) puedo llegar a mi destino más fácilmente y sin pasar por el pintoresco transporte público bogotano. Será eso bueno o malo salir de esa institución... esa es la cuestión.
No podemos hablar sobre nuestros maravillosos buses sin recordar lo que era una Bogotá sin esas tractomulas rojas, que ya no ponen alguna emisora de buena música (la Vallenata, Candela, Olimpica, Radio 1) a un volumen apenas perceptible (que disque porque desconcentra al conductor y molesta a los pasajeros, que es esta vaina), los forros Gamin y varios cientos de calcomanias que uno simpre se queda pensando de dónde carajos las sacaron (y los perritos metaleros que cabezean, y los cds colgantes y las randas de flecos, y otras cosas aún más graciosas). Pero todo eso lo cambió este extraño artefacto que algunos conocen como el Transmiteto. Ahora se escuchan cada vez más aberraciones como los 40 Principales y la Mega, con sus intentos de música. O incluso, de vez en cuando, surge un desviado
que nos da un concierto de electrónica vía a la UN o nos tranquiliza con la fabulosa música de ascensor/supermercado/consultorio médico/odontológico de Melodía estereo. Casi me da un paro cuando descubrí a una buseta con radio de cd incorporado (y me recuperé cuando me dieron un concierto de hora y media de Don Omar, por Dios, ese hombre es un poeta!!! [disclaimer: para los que no me conocen: nótese el gesto de profundo sarcasmo]). Todavía nos queda algo de idiosincracia, que bien...
No se si bueno o malo. Por un lado volverme el mensajero/ mandadero/chofer de la casa y por el otro poder salir hasta tarde cuando el carro está desocupado sin el problema de si todavía pasará el Germania, o el Chapinero, o el Villaluz. Ojálá no me toque pagar la gasolina (que es lo más probable), sino, tocará todavía llenar las arcas de nuestros ilustres (vuélvase a notar el gran sarcasmo en la expresión) concejales trasportadores.
