Justificación a la Importancia de lo que Hago

Leyendo un librillo de Mirca Eliade (Herreros y Alquimistas), aquel conocido historiador de las religiones, me encontré con un concepto brillante en la mayoría de las sociedades fuera de una industrialización creciente (o, en su defecto, una industrialización que no es tal). En resumen, es la sacralización de la vida cotidiana. Que buena idea. En sociedades donde no siempre se puede ser príncipe, o noble, o mago, o pensador, pues no hay más remedio que volver el trabajo que me ha tocado sagrado, indispensable para mi y para los demás. Volver cada cosa que me ocurre una proesa, o parte de la más importante de las leyendas, la creación del mundo. En nuestra industrializada (para Colombia, algo así como una pseudo industrialización) sociedad a veces no queda otra salida que sacralizar un hobby, o un juego, para salir de ese tedio y evitar el suicidio.¿Y esto que tiene que ver conmigo? Pues todo, a veces la vida y nuestra hermosa sociedad nos trata tan por el suelo que toca sacralizar hasta el pan de doscientos de la tienda de abajo, o algunos movimientos que se quieren parecer a Bruce Lee o a Morihei Ueshiba. Suena triste, pero así somos todos los que no nos consideramos importantes para nada. (El fatalismo salió sin culpa) Saludos a esa antigua sociedad que se inventó esa fabulosa forma de creer que uno no está perdiendo el tiempo.
