Saturday, December 10, 2005

Justificación a la Importancia de lo que Hago


Leyendo un librillo de Mirca Eliade (Herreros y Alquimistas), aquel conocido historiador de las religiones, me encontré con un concepto brillante en la mayoría de las sociedades fuera de una industrialización creciente (o, en su defecto, una industrialización que no es tal). En resumen, es la sacralización de la vida cotidiana. Que buena idea. En sociedades donde no siempre se puede ser príncipe, o noble, o mago, o pensador, pues no hay más remedio que volver el trabajo que me ha tocado sagrado, indispensable para mi y para los demás. Volver cada cosa que me ocurre una proesa, o parte de la más importante de las leyendas, la creación del mundo. En nuestra industrializada (para Colombia, algo así como una pseudo industrialización) sociedad a veces no queda otra salida que sacralizar un hobby, o un juego, para salir de ese tedio y evitar el suicidio.¿Y esto que tiene que ver conmigo? Pues todo, a veces la vida y nuestra hermosa sociedad nos trata tan por el suelo que toca sacralizar hasta el pan de doscientos de la tienda de abajo, o algunos movimientos que se quieren parecer a Bruce Lee o a Morihei Ueshiba. Suena triste, pero así somos todos los que no nos consideramos importantes para nada. (El fatalismo salió sin culpa) Saludos a esa antigua sociedad que se inventó esa fabulosa forma de creer que uno no está perdiendo el tiempo.

Tuesday, December 06, 2005

Arequipe y Kung Fu

Ahora que se van desmoronando lo que hace dos o tres meses creía yo era lo que construiría los siguientes meses o años de mi vida, opino que no hay nada mejor que el kunf fu (y el aikido) y el arequipe. Los que digan que el ejercicio es perjudicial para la salud no se dan cuenta que, además de moretones, dolores, y endorfinas, éste trae un sentimiento que no deja ninguna otra cosa (algo así como el sabor de Quatro). Cuando las cosas están como para tirarsele a un transmilenio, o en su defecto lanzárme desde la ventana de mi apartamento (treceavo piso, para los que no saben) un mucho de ejercicio y de azucar (aquí entra el arequipe, esta vez traido desde la hermosa ciudad de Cali) nos deja seguir aunque sea un poco. Otra vez me sorprende con que facilidad los pocos planes que tengo en mi cabeza, ya muy pisoteados por ocasiones pasadas, se siguen resquebrajando, rompiendo, (volviendo mierda, para ser más específicos) pulverizando, y sólo me quedan las pequeñeces. Por lo menos queda la sacarosa, el ácido cítrico y otras substancias en la comida que me alivian. Y de paso el puente dorado, los pasos de arquero y los juegos de patio,(o también: caidas redondas, secas, y koshi nagues) que me apartan del pensamiento cuando ya estoy demasiado cansado para pensar y todo me duele. Pero ojalá todo pasara tan rápido como un dolor de cansancio o todo pudiera ser disfrutado tan fácilmente como un chocolate o una cucharadita de manjar blanco.