Y ahora, que nadie lee esta vaina...
Y ahora que nadie lee lo que escribo, me siento más libre. Con menos que decir. Con ganas de volver a jugar rol, desbocar lo que llaman imaginación. Dejar que Venecia se llene de inquisidores a caballo, que Bogotá se vuelva un nido de vampiros, que la resistance vuele más carros con la ayuda de mi pirata, que la joven ladrona élfica salga de su mala racha y encuentre su guante negro. Más que nada, me gustaría materializar aquella novela sobre ese caminante con tres espadas que no muere. Que no es feliz, pero no muere. Que descubrió como matar dragones sin morir, sobrevivir mil batallas y no cansarse, vivir sin necesidad del amor a su lado. Ese hombre que ya no hace ruido cuando intenta asesinar... puede huir y el mundo no se le acaba.

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