Wednesday, August 15, 2007

Cocuy 1



Un ejercicio de escritura y memoria. Viajamos hace tiempo, en las vacaciones no tan vacaciones que me dejó la UNAL. Rugeles y yo decidimos, por una vez, hacer alguna cosa entretenida en un lugar remoto. Salimos un domingo en la noche, no me acuerdo de la fecha (fechas, fechas, que malo soy para la memoria que las guarda). Lugar de encuentro: el antiguo Tiger Market de la 60 con séptima, ahora On the Run. Llegamos al terminal unas cuantas vueltas después. Compramos los tiquetes a menos de lo que habíamos calculado.
Los dos, vestidos de estudiantes (yo recibía miradas por las dos botas pantaneras en mi espalda), nos dipusimos a recorrer el Terminal de Transportes capitalino. Esa maravillosa obra de la bogotaneidad. Entramos a comer en un asadero, previendo una flota sin muchas paradas (y teniamos razón). Me comí un pollo desabrido, Rugeles una sobrebarriga con infulas de suela de zapato. Esperar y esperar en esas sillas de metal brillante por el roce de pantalones desconocidos. Compramos un par de gaseosas.
Sigue pasando, lento, el tiempo de espera. Al fin llega una flota Concorde, con destino a Guicán. Pequeña discusión con un señor y una señora mayores. Ojalá nos hubieramos hecho en otra parte. Siete d ela noche y pasamos la 170, no hay vuelta atrás. Frente a mi una luz roja incandescente que marca la eterna espera a que ese alguien cualquiera salga del sanitario. Un viaje horrible, sin casi sueño. Música tremenda. Brasil con todo su apogeo. Un poco de Calle 13, que todavía no ha matado a nadie. Adelante, una viejita y su acompañante con una tos de tisis, tos de cancer de pulmón terminal. Diez horas... los tímpanos resuenan con cada arcada. Horrible viaje a oscuras.
Itinerario interminable. De pueblito en pueblito, llegando, devolviéndose. A las 3 de la mañana. Llegamos temprano a Guicán, al pie de los nevados. Pero queda trecho. Un tabaquito, como dice mi padre. Camiando ni hablar. Buscamos alguien que nos lleve. Un tal "expreso" nos cobra carísimo. Mejor esperar. El tipo al que buscamos no aparece. Está arriba dicen, y allá no llega la señal. Tigo es inútil, aquí sólo llega Comcel.
Un político del pueblo, con intereses turísiticos, nos acerca por la módica suma de 20000. Damn. Todo sea por conocer la nieve. Ahora conocemos un poco sobre aquel pequeño pueblo godo en la esquina del mundo. No hay posibilidad por otro partido. Los policías llevan fusiles con un cierto parecido a un m-16. Respiramos un aire de violencia reciente. Retén. Cédulas de todos. Para donde van. De donde vienen. Una familia suicida que quiere subir al nevado en un sólo día. Una pareja donde la señora lleva los pantalones. Los pantalones más desesperantes que yo haya escuchado. Nos dejan a unos cuantos metros de las cabañas. La nueva para nosotros sólos. No hay nadie más exepto la cocinera y un par de militares de turno. Un buen desayuno. Quince minutos de caminata al risco donde hay señal: el "mirador". Mucho tiempo que no sentía mis pulmones en llamas. Cuatro mil doscientos/trescientos metros más cerce de las estrellas.