Thursday, March 16, 2006

Pendejadas Antropológicas

A los que les interesan mis intentos antropológicos...

ESPERAMOS LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS. El arco, con Cronos, titán del tiempo en su centro, reza la plegaria de cada cristiano que lo cruza. Dos mausoleos más grandes que los demás nos reciben entre la multitud de monumentos de piedra caliza (aunque algunos sobresalen al estar hechos en mármol o estar pintados de blanco, etc.) En el centro de ese camino de cemento que nos lleva a la capilla, tumbas de presidentes y generales nos invitan a contemplarlas. Pequeñas catedrales, obeliscos, mausoleos, lápidas, jardines en miniatura. Cada tumba en un laberinto demarcado por cuadras invisibles; N verde, Q amarilla, A azul. Nos rodean pilares blancos y detrás, empotrados en una pared, los entierros de los menos importantes (Después habría de enterarme que detrás de esa pared hay más entierros, para personas con menos oportunidades.)

“Libranos señor de todos los males”
―“Señora, ¿hay alguien enterrado aquí?”
― “un muchacho italiano”.
Y pienso: “no entiendo latín” mientras veo una estatua parecida a la piedad de Miguel Ángel sobre una piedra tallada de mármol negro.
― “La virgen de la piedad” de dice un hombre gordo de cachucha y uniforme azul de afán.

Miro los apellidos a mí alrededor. Casi todos traen imágenes a mi cabeza: Arangos, Uribes, Davilas, Michelsen, Martin, Turbay, Osorio Piedrahita, Valenzuela, Restrepo… Los que tienen el dinero y el poder para enterrarse al lado de personajes históricos en mausoleos que compiten con las tumbas de los próceres.
Rodeado de una piscina, Luis Carlos Galán.
“Vamos a ponernos en la presencia de ese padre que es misericordioso”
Rodeado de una cadena, Gilberto Alzate Avendaño. (Yo no sabría quien es si en algún momento no le hubiera preguntado a mi mamá sobre el nombre de un teatro.)
De un jardín, María Hurtado de Gómez.
“Cristo ten piedad, ten piedad.”
EGO ‹ SUM ‹ RESURRECTIO ‹ ET ‹ VITA
Sigo lamentando no saber latín. Dos caras sin ojos me miran. Cabezas con lindo bucles, caras redondas y perfectas. Una viejita en sudadera gris mira conmigo, otra, en sudadera rosada, me mira escribir.
Capellanía Cementerio Central.
Horario de Eucaristías
DOMINGOS MARTES SÁBADOS
9: 30 A 12:30 NO HAY SERVICIO 9:00 AM A 11:30AM
LUNES MIÉRCOLES A VIERNES
8:10AM A 12:30M 10:30AM A 11:00AM
2:30PM A 4PM CUANDO LAS PAGAN
“Señor, no nos trates como debemos ser tratados”
“La medida que uséis la usarán con vosotros”
Un hombre con pinta más elegante que los demás lleva flores en un vasito desechable que probablemente antes contuvo un tinto. La capilla es oscura. Vitrales translúcidos no dejan entrar la luz fuerte del sol anterior a un aguacero. Los micrófonos son baratos. El padre, moreno, con gafas y peinado de lado, habla de forma metálica. Otro hombre, hasta parecido, toca una organeta que suena como acordeón grabado en los años veinte. Un confesionario a un lado, una pila bautismal al otro. Una pregunta: ¿ A quién bautizarán en un cementerio? De un techo de madera cuelgan candelabros negros que en vez de velas sostienen bombillos apagados. La capilla está siempre llena: personas con ropa de todos los días, ropa de trabajo, pero nadie con corbata o un sastre. Un cristo de madera nos mira desde atrás del altar. Un hombre se para por detrás para ver que escribo. Sostiene una gorra en su mano y cuenta dinero mientras pasan las ofrendas. Las monedas suenan. La mujer con al bolsita de tela en un palo me mira escribir. Otras personas rezan afuera.
“No nos dejes caer en al tentación, libranos del mal”
Huele a pino.
En la pared blanca, de arriba abajo:
975 Julián Andrés Ochoa Vargas 24 Sept 2005 / 3 Nov 2005
“Sordito, eres la ilusión de nuestras vidas…”
119 Andrés Felipe Díaz Mosquera 25 – 12 / 03
267 H.D. Adela del Carmen Beltrán Abril -19 -2004 Vuelvo a ver al señor de
1092 PP Marcos Gaitán Buitrago Agosto 16 – 1972 la gorra, sigue de largo.
642 Maria del Campo F. de Terán Agosto 26 de 1903
José Ignacio Terán Marzo 18 de 1919
192 Calixto Ortega Triana Dic 21 - 1972 Recuerdo de su esposa e hijos
Amalia Triana V. de Ortega Oct 3 -1941
Amalia Ortega Triana Marzo 12 -1978

H Roja: Señoras bajitas con sacos abrigados, carteras y cosas en la mano. Con sudaderas rosadas, faldas marrones, o pantalones rojos, saltan la reja verde.
― “Yo le dije que estaba loca, él no habla. ¿Por qué no le va a gustar que le pongan rosas en la cabeza… Maldita sea, me vana a dejar ponerle las rosas?”
Las palomas revolotean. Una viejita abraza al dorado Leo Kopz (que después me enteré que no lo era) y le susurra sus deseos al oído. Una mujer, tal vez un travesti, le hace una corona con rosas rojas frescas. Ya entendí porqué mi profesor de sociales en el colegio me decía que era tan interesante. Un rapero de ojos verdes y cachucha de los Yankees, nos mira con cara de “estos manes que hacen aquí”. Lo vemos partir con la prostituta para algunos, travesti para mi, tiempo después. Un hombre algo pasado de peso, sentado, reparte arroz a las ratas emplumadas.
Detrás de la iglesia hay un túnel blanco. Salimos a la parte más grande del cementerio. Algunos la llamarán la parte más grande y tal vez la más interesante. Ahí están las tumbas de los que no tuvieron el dinero para pagar un lote o un monumento al lado de presidentes y grandes personalidades.
― “Falta la mitad, Falta todo” dice uno de mis compañeros.
Era muy probable que faltara más de la mitad.
Camino sólo entre monumentos y veo cómo, en este sector del cementerio, los mausoleos son mucho más grandes (tal vez porque el suelo es más barato). Hasta aquí se escuchan las plegarias del sacerdote, pero ya no se entienden muy bien. Cerrado con llave, como una especie de casa veo el más grande hasta ahora. “Familia de Jose María Escovar L” Ni idea. Sigo caminando entre mausoleos y monumentos de apellidos comunes, pero de personas desconocidas. Más allá encuentro uno más grande custodiado por soldados, rifle en alto, sacados del ejército alemán que peleó por el segundo Reich. Entro y me encuentro rodeado por placas negras numeradas y marcadas en letras doradas. Un escudito de Colombia enmarca el cuadro que recalca lo diferente que quieren ser los soldados del resto de la gente. Otro cristo, esta vez color cobre, me mira entre zancudos.
“Permaneceréis para siempre junto a mi”
“Yo soy la verdad soy el camino, soy la vida y la resurrección.”
Tumbas nuevas, ya no de familias, ahora de sindicatos. El primero que veo, pintado de blanco y con puertas negras: “Sindicato de Voceadores de Prensa y Loterías de Bogotá”. Cuantas negociaciones se debieron llevar a cabo para la comprar del descanso eterno de algunos de los miembros del sindicato. Sigo caminando y veo el mausoleo que más me llama la atención, tal vez por su sutil desafío a un cementerio abrumadoramente católico. Lo veo primero por detrás. La cabeza de un carnero, casi una gárgola gótica en una pared de piedra. A los lados un pequeño friso casi borrado por el tiempo de figuras egipcias. “Hombrecitos haciendo así” diría el director Skinner de los Simpsons. Le doy la vuelta. “Familia Eduardo Rodríguez Piñeres” apellido más común y menos egipcio no se puede. El marco de la puerta es bastante extraño, dos cabezas de Tutankamon miran hacia delante y sobre ellas una figura alada. A puerta de madera verde tiene tallas que parecen ibis del Nilo y flores que tienen pinta de todo menos de ser colombianas (tendré que investigar). La cruz de vitral tiene cierto aire a las cruces egipcias, mucho anteriores a las cristianas. El problema es el interior. Invadido por palomas y su mal olor, el cuarto sólo contiene lápidas blancas protegidas por una cruz negra muy sencilla. Tal vez una familia de rosacruces, o un mafioso MUY excéntrico, no se me ocurre nada más. De allí queda poco para la salida, no detallo nada que no hay visto antes, demasiado tiempo entre muertos (o vivos que parecen muertos).
De los cementerios lago siempre con dolor de cabeza, pero siempre pensando cómo habrá sido la vida de cada persona enterrada ahí. Muchas veces sólo la tumba ya es interesante y protagonista de mil historias, ¿como habrá sido el dueño? Me impresiona la naturalidad con la que las autoridades del lugar pueden decidir enterrar o no a alguien, dar misa o no, sólo por interés económico y al mismo tiempo las personas hacen fila para pedirle, con toda su fe, a estatuas que, presuntamente, conceden favores o hacen milagros, yendo contra esa racionalidad tan típica del interés capitalista. De dónde salen las creencias en los favores de los muertos, en las veladoras que traerán prosperidad, etc. Sería interesante saber que mueve a estas personas a hacer lo que hacen, por qué determinadas flores o plegarias o lugares.

1 Comments:

Blogger Bloom said...

No sé si con esto arruine su paz de escribir sin ser leído (por la cual me disculpo en estos meses de ausencia). Muy bueno el post. Yo jamás me atreví a entrar al Cementerio Central el cuál desde el aire se ve como un ojo sin párpado, como el ojo de Saurón. Ya respondí a su comentario en mi blog.
Y por acá lo estaré leyendo a pesar de que el texto en azul me da un poco de mareo.

1:33 PM  

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